100
Agradecimiento y/o bienvenida
Un día decides escribir
La semana siguiente repites
Y otra y otra más
Un día ya llevas 100

Cuando decidí compartir mis aprendizajes lanzando Gratix, me di cuenta que también podía hacerlo con los hallazgos que mis ojos de aprendiz iban encontrando al intentar comprender el cambio climático y otras amenazas para que nuestro planeta siga siendo un buen lugar para el futuro. Y así, casi sin querer, empecé esta aventura. Nació Verdades Incómodas.
Aunque al principio la hoja de ruta estaba clara: compartir aprendizajes, pronto se hicieron sitio otro tipo de reflexiones fuera del guión (esta fue la primera), producto de revelaciones que encontraba en este camino, de “diamantes en bruto” que no podía dejar escapar.
Y así Verdades Incómodas fue creciendo con su propia personalidad. No como un producto estándar del que supiese qué podía esperar cada semana. Más como un mosaico integrador de aprendizajes sobre algunos de los grandes problemas que afectan a nuestro futuro y sus posibles soluciones, producto de muchas horas de investigación, junto a reflexiones espontáneas, resultado de muchos años de “conectar puntos”, a su vez fortalecidos por los nuevos descubrimientos. Resultando en una variedad de entregas que no hubiese sido capaz de anticipar.
Ha caído el #100 y es oportuno hacer balance. Hasta dónde hemos llegado y qué camino hemos recorrido desde esa intención inicial. Pero también preguntar si vamos a por 100 más y cómo.
Aprendizajes en el camino
Sin ser muy sistemático, quería compartir algunos hallazgos que he ido encontrando en el camino y me llaman la atención:
Ha sido un ciclo de aprendizaje enorme, que espero haber sabido transmitir. No sólo por todo lo aprendido en sí. También por la sensación de haber descubierto lo poco que sabemos de cuestiones que son realmente críticas para nuestro futuro. Mucho menos de lo que sabemos de otras mucho más irrelevantes. Hace falta mucha más educación y difusión sobre estos temas.
El reto al que nos enfrentamos va más allá de entender la ciencia que explica el cambio climático y los límites planetarios y las soluciones a las graves amenazas que plantea. La propia inercia del modelo actual de crecimiento y consumo que los ha provocado también afecta de forma notable a nuestra sociedad, calidad de vida, salud y felicidad. El problema no es el planeta, el problema es nuestro futuro, que por supuesto depende del lugar en el que se desarrollará.
Sorprende la insuficiente reacción de la sociedad ante problemas tan graves y con un diagnóstico tan claro, y cómo los fanatismos han irrumpido en una conversación que debería ser civilizada y constructiva, en el mejor interés de todos. En particular, ver que algunos han decidido incluso alejarse del sentido común y entregarse a un ejercicio de negación de la realidad. Que hace más importante que nunca mantener la racionalidad y abrir espacios de diálogo. Aunque frente a los extremos irrazonables de aquellos que incluso ignoran la ciencia, resulte tentador aplicarles su propia irrazonabilidad.
Parafraseando a Walt Whitman, he descubierto que “me habitan multitudes”, y a que, dentro de la coherencia, convivan conclusiones aparentemente contradictorias. Lo que puede que sea incluso bueno, en una sociedad en la que todo parece un partido de fútbol en el que estamos obligados a decantarnos por un bando u otro. Reconocer a la vez los méritos del crecimiento y el decrecimiento. Como herramientas, que no ideologías. De la tecnología y la moderación. De la abundancia y la suficiencia. Puede no ser una debilidad sino todo lo contrario si el foco está en los fines y no los medios. Hay que rebelarse contra los que proclaman que las cosas sólo pueden ser blancas o negras.
Para conquistar ese futuro que depende de nosotros, me niego a elegir entre las dos vías de lograrlo: mediante la tecnología y la innovación, o mediante una producción y consumo más responsables. Hay que sacar lo mejor de los magos y los profetas. En un equilibrio que no sólo resuelva los problemas medioambientales, sino que además nos pueda llevar a un cambio de modelo, que, con lo mejor del actual, compense sus excesos, que, por otra parte, no nos hacen más felices.
¿Otros 100?
A nivel personal, he disfrutado preparando estas 100 entregas. Por todo lo anterior y porque ha sido estimulante. No sólo he aprendido sino que he recibido más de lo que he dado. Gracias a todos por vuestros mensajes, comentarios, likes, shares y tantos gestos de complicidad y de construir juntos.
También han tenido sus retos. Como estar a la altura de la belleza y exigencia del compromiso semanal, a veces con reminiscencias de presentarse a un examen, en el que algunas semanas parece que no llegas y otras lo haces con la entrega a medio cocinar, cuya calidad se hubiese beneficiado de algo más de preparación o de un intervalo de reposo revelador.
Camino en el que siento que he ido pasando gradualmente desde el “informe”, del aprendiz que comparte sus avances, hacia la “confidencia”, del que comparte sus destellos de sabiduría, en formato normalmente más breve. En el que, cuanto más he ido aprendiendo, más cuenta me he dado lo que me falta por saber.
En cualquier caso, todo apunta a que vale la pena ir a por los próximos 100. Para los que anticipo algunos pequeños cambios conforme a estos aprendizajes:
Relajando el compromiso semanal, que mantengo por defecto, pero dentro de una mayor flexibilidad para rematar mejor cada entrega, o hacer más sitio a otros nuevos proyectos, que iré compartiendo por aquí.
Manteniendo cierta diversidad en cuanto al contenido y extensión de cada entrega, pero primando el espíritu de breve confidencia sobre el de detallado informe. Incluso dejando más espacio para la experimentación y, por qué no, juguetear con la ficción. Sin detrimento de mantener los análisis en profundidad que me parezcan relevantes. Incluso en nuevos formatos, como entregas especiales que sinteticen lo publicado hasta ahora sobre temas tan mollares como cambio climático, crecimiento sostenible, economía circular, transición energética o consumismo.
Ampliando la perspectiva de las preguntas a las que Verdades Incómodas trata de responder, como de hecho ya ha ido pasando. Porque no es el cambio climático lo que nos preocupa. Lo que nos preocupa es el futuro. Sus efectos sobre nuestra sociedad, salud y calidad de vida. Y cómo nuestras acciones nos pueden acercar a ello, sea como ciudadanos, consumidores, innovadores o líderes. Que he reflejado cambiando el icono de la publicación: pasando de un recordatorio del principal problema como son las barras del cambio climático (a las que no hay que perder la pista, más dada su evolución reciente) a la imagen de nuestro planeta que nos recuerda lo afortunados que hemos sido de nacer aquí. Y la responsabilidad que ello implica.
Una semana más, gracias por llegar hasta aquí. Y esta vez quería agradecerte especialmente tu compañía en este viaje. O darte la bienvenida si acabas de llegar. Cuento con tu apoyo - y espero que sincero feedback - para los próximos 100.
Y te animo a un primer reto en esta nueva etapa. Piensa en una persona para la que Verdades Incómodas pueda ser relevante y anímale a que se suscriba. Es mucho lo que nos queda por aprender y hacer. Y en cuanto más seamos, mayor influencia tendremos en cómo será el futuro.



Felicitaciones José María! Un abrazo grande!
¡Enhorabuena por los 100! Y por todos los que vendrán. Es un placer leerte cada semana y descubrir esas verdades tan incómodas como reveladoras. Me parece un acierto el nuevo icono.